MILLAN-ASTRAY, LA LEGIÓN Y MELILLA

En la fotografía el teniente coronel Millán-Astray. Foto SHM. Color Manuel Valladolid.

 

El 23 de julio de 1921, Melilla está perdida, los sucesos de Annual ya se habían hecho eco en la ciudad que se sentía sin protección y amenazada, pero desde la noche del 21 de julio La legión ya está en marcha, han sido dos duras jornadas de marcha pero el 23 ya están preparados para partir desde Ceuta.

Fragmento de “Morir en África. La epopeya de la tropas españolas en el Desastre de Annual”. (Pág. 277)

“Las banderas ya están reunidas en Ceuta. Millán-Astray las forma y lanza uno de sus habituales discursos en forma de arenga: «¡Legionarios! De Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave; quizá en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios!, si hay alguno que no quiera venir con nosotros, que salga de la fila, que se marche; queda licenciado ahora mismo… Legionarios, ahora, jurad: “¿Juráis todos morir, si es preciso, en socorro de Melilla?” “¡Sí, juramos! ¡Viva España! ¡Viva el rey! ¡Viva la Legión!”, gritaron, levantando los chambergos en el aire. Y emprendimos la marcha hacia el muelle, desfilando a los alegres sones de “La Madelon”.»*

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ABARRÁN. CAPITAN JUAN SALAFRANCA BARRIO

Salafranca murió en Abarrán. Años después se le concedió la Laureada por su actuación, aunque muchos hablaban de que ya se la había ganado en 1917 en el Biut, donde tuvo una polémica muy sonada con el de por aquella época capitán Franco en relación con esa condecoración… en Abarrán Salafranca supo luchar y morir, copio un fragmento del episodio:
“El capitán Salafranca ha ordenado calar bayonetas y grita: «¡Que los más valientes vayan al frente de Artillería!»,* al tiempo que les alienta a «¡no tirar al aire, portaos como hombres, apuntad bien al enemigo, pues de vosotros depende la salvación de todos!».* En ese preciso instante Salafranca recibe un disparo en el hombro y vuelve a dirigirse a sus hombres en los mismos términos, añadiendo que nadie tuviera que decirles nada de ellos ni de su conducta. El sargento Vidal ha observado que le han dado a su capitán y corre a socorrerle. Salafranca le pide un papel, quiere escribir a su madre. Y lo hace sobre la espalda del sargento. Todavía continúa su defensa, pero se desangra, hasta que otro disparo «le hace caer en brazos del sargento Ramiro Álvarez Astray, en los que fallece ordenando la resistencia».* (Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual. Pág. 64). Foto Archivo del autor, coloreada por Manuel Valladolid.

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